Heme
aquí enamorado de un
cervatillo
coqueto, que masacra la lengua
árabe,
su frente, luminosa como un
claro de luna,
aparta las tinieblas de la negra
noche.
El no gusta de llevar camisas de
algodón
ni la
túnica de pelo de los nómadas árabes.
El viste corto sobre sus finas
caderas,
pero sus ropajes tienen mangas
largas,
Sus pies
están calzados, y bajo su túnica,
el rico brocado parece
adivinarse.
Parte en campaña de
montería al
asalto,
arroja sus flechas y sus jabalinas.
El luce el ardor de la guerra y su
actitud
fogosa es mas que magnánima.
Soy
ignorante, en comparación
de
un jovencito o de un pilluelo.
Por
tanto, como confundir una perra que tiene
sus
reglas cada mes y desciende cada año.
Es
con ella que voy a la deriva:
Deseo
tanto que él responda a mi saludo !
Le
dejo ver todos mis pensamientos,
Sin
miedo del Muecín ni de Imán tampoco.