Príapo, tú eres testigo de que estos poemas, más dignos de un huerto que de un libro, los he compuesto sin mucho esfuerzo, como un puro juego. No se me ha ocurrido convocar a las musas, como suelen hacer los poetas, para que acudan a este lugar tan poco virginal, porque me faltaría el coraje necesario para llevar ante Príapo a las castas hermanas, al coro de las Piérides. Así que sé benévolo con estos poemas que ociosamente he escrito en las paredes de tú templo, te lo suplico.

Podría decírtelo con rodeos: “Dame eso que puedes dar una y otra vez sin agotarse”; “Dame eso que tal vez desearás inútilmente dar cuando una barba desagradable pueble tus mejillas”; “Dame lo que a Júpiter dio Ganímedes, quien, arrebatado por el águila sagrada, ahora escancia agradable nectar a su amante”; “Dame lo que la recién casada ofrece a su marido la primera noche, para evitar que se le desgarre la otra parte”. Pero más sencillo será decírtelo claramente: “Deja que te dé por culo” ¡Qué voy a hacerle! Así de bruto soy.

En dos versos se resume la ley que, según cuentan, Priapo impuso a los muchachos: “Puedes tomar tranquilamente lo que hay en mi huerto, siempre y cuando yo también pueda conseguir lo que hay en el tuyo.”

Aunque como ves yo, Príapo, soy de madera , igual que de madera son mi hoz y mi pene, te tomaré y teniéndote así te la meteré , toda entera, por muy grande que sea, más tensa que una cítara, hasta la séptima costilla.

Fuera de aquí, mujeres castas: es impropio de vosotras que leáis estos impúdicos versos. Pero a ellas esto les trae sin cuidado, y hacía aquí vienen derechas; parece que les encanta contemplar un buen pene.

Me preguntas por qué llevo mis partes sin cubrir; date cuenta de que ningún dios oculta nunca sus armas. El señor del mundo muestra abiertamente sus rayos; el dios del mar no oculta su tridente. Ni Marte esconde la espada que le da valor ni la intrépida Palas se guarda la lanza entre la ropa. ¿Es que se avergüenza Febo de sus flechas doradas? ¿Esconde acaso Diana su carcaj? ¿Y Alcides su mazo lleno de nudos? ¿Acaso tapa el dios alado el caduceo con la túnica? ¿Quién ha visto a Baco ocultar bajo la ropa su ligero tirso? ¿Y quién te ha visto a ti, Amor, sin tu antorcha visible? De modo que no será un crimen tener el pene siempre al descubierto; sin él me encontraría inerme

¿De qué te ríes, tontita? No me hizo Praxíteles, ni Escopas, ni fui esculpido por la mano de Fidias; fue un campesino el que cogió un tronco en bruto y me dijo: Tú, sé Príapo. Pero ya veo que me miras y te ríes. Debe parecerte muy sabrosa esta cosa que se eleva como una columna entre mis ingles.

Ten cuidado, no vaya a cogerte. Si te cojo no te apalearé a garrotazos, ni te heriré cruelmente con la curva hoz. Atravesado por mi percha descomunal, quedarás tan estirado que nunca pensarás que tu culo tenga curva alguna. 

Te atravesaré, muchacho, te lo advierto; a ti, muchacha, te follaré.  Y al barbado ladrón la tercera pena* es la que le espera.  (* Se refiere a la irrumación o sexo oral.)

Tú, quienquiera que seas, entra. No pienses en alejarte de la venerable ermita de este lujurioso dios. Y si durante la noche una muchacha te acompaña, no temas por ello entrar. Podrías temer a los dioses severos, pero nosotras, mezquinas divinidades campestres, no valemos nada. Sin ningún pudor, con los testículos al aire, estamos a cielo abierto. Por tanto, todo el que quiera que entre, aunque venga embadurnado del negro hollín del lupanar.11

Quien ponga sus deshonestas manos en el vergel a mi confiado comprobará que no soy un eunuco. Y quien por ventura replique -¿quién sabrá que aquí, en un lugar tan apartado y entre arbustos, has sido tu quien me ha partido en dos?- se equivoca, porque este pleito se llevará a cabo ante dos importantes testígulos.12 

¿Cuáles fueron las manzanas gracias a las que Hipómenes se llevó a la hija de Esqueneo? ¿Cuáles tenía el célebre jardín de las Hespérides? ¿Cuales debería llevar siempre en su repleto regazo Nausica, vagando por los dominios de su padre? ¿Cuál fue la manzana que Aconcio grabó, y que al leerla juramentó a la muchacha con el apasionado mancebo? Tales son las que el piadoso dueño de este vergel ha ofrendado, desnudo Príapo, sobre tu altar.13 

Si la trotacalles Teletusa un día, con las nalgas al aire y agitando el vientre, se meneara moviendo el espinazo, podría con tales artes, oh Priapo, no solo conmoverte a ti, sino hasta al casto hijo de Fedra.14 

El rey del rayo es Júpiter. El arma de Neptuno es el tridente. Gracias a su espada, poderoso es Marte. La lanza, Minerva, es tu atributo. Con el tirso emparrado es con lo que Baco entabla el combate. Como todos saben, la mano de Apolo lanza la flecha, y arma la pica la invicta diestra de Hércules; pero a mi, un miembro erecto me parece terrorífico. 15

Para quien aquí cortase una violeta o una rosa, o robase alguna fruta u hortaliza sin pagarla, pido que, sin tener mancebo ni mujer, reviente de una erección como la que en mí veis y tenga que golpeársela sin cesar en el ombligo. 16

El jardinero de este fecundo vergel me encargó la custodia de este lugar. Ladrón, recibirás tu castigo por más que grites enfurecido: "Todo esto por unas brezas?". "Efectivamente, por una sola breza".17

Este cetro que, procedente del árbol, nunca más volverá a reverdecer, este cetro que reclaman para sí las jovenzuelas lujuriosas, que algunos reyes desean tomar entre sus manos y que besan los nobles sodomitas, se hundirá en las entrañas del ladrón todo entero hasta la empuñadura de los cojones.18

Oh, Quírites, o me cortas el miembro viril que noche tras noche fatigan las vecinas siempre calientes y más lujuriosas que los gorriones en primavera, o reventaré y os quedaréis sin Príapo. Ya ves que estoy jodido, agotado, pálido y macilento, yo que antes, rubicundo y valeroso, solía atravesar hasta a los ladrones más fuertes. Ahora, pobre de mi, me faltan las fuerzas, y escupo peligrosos esputos entre espasmos de tos.19

La delicia del pueblo, la conocidísima del Circo Magno, Quincia, experta en menear sus vibrantes nalgas. Deposita en ofrenda a Príapo los címbalos y los crótalos, los instrumentos de calentamiento así como los tambores golpeados con firme mano. Y en compensación, suplica ser siempre grata a los espectadores para que tu público este siempre erecto, como el dios.20

A tí, que tienes malas intenciones y que difícilmente aguantas sin roban en el huerto, te daré por culo con mi falo descomunal, y si ese castigo tan duro y penoso no da buen resultado, tentaré otro agujero más alto.21
Que me muera, oh príapo, si no me avergüenzo de decir palabras torpes y obscenas. Pero como tú, siendo dios, muestras sin pudor los huevos al aire, debo yo llamar al coño coño y a la verga verga.22

"Oh, Priapo, amenazador con tu hoz y con esa otra parte aún mayor, indícame, por favor, el camino a la fuente" "Ve, forastero, por esas viñas; pero si coges una sola uva, otra agua tendrás que tomar."23

Mientras no robes nada con esa atrevida mano, podrás mantenerte tan casto como la mismísima vesta. De lo contrario, esta arma te abrirá en canal de tal modo que podrás salirte entero por tu propio culo.24

PRIAPEOS ROMANOS

 

En Roma el culto a Príapo estaba muy extendido, y eran muy comunes las inscripciones y los carteles con Príapo como protagonista. A veces, eran advertencias contra ladrones e intrusos que recibirían el castigo propio de Príapo (la penetración anal), otras veces divertidas alusiones mitológicas. Eran, de una forma ligera, los grafittis de la época.

 

Carminis incompti lusus lecture procaces,
Conveniens Latio pone supercilium.
Non soror hoc habitat Phoebi, non Vesta sacello,
Nec quae de patrio vertice nata dea est.
Sed ruber hortorum custos, membrosior aequo, 
Qui tectum nullis vestibus inguen habet.
Aut igitur tunicam parti praetende tegendae,
Aut quibus hanc oculis aspicis, ista lege.

 

Tú, lector, que vas a leer las bromas procaces que hay en estos toscos poemas, deja ya de fruncir el ceño con tanta dureza, como hacía el viejo Lacio. No viven en este templo la hermana de Febo, ni Vesta, ni tampoco Minerva, la diosa que nació de la cabeza de su padre; en él habita el guardian de los jardines, pintado de minio, con esa verga descomunal asomando entre su entrepierna descubierta. Así que cubre tus partes con la túnica, o si no, lee estos poemas con los mismos ojos con los que las miras.

 Ludens haec ego, teste te, Priape,
Horto carmina digna, non libello,
Scripsi non nimium laboriose.
Nec Musas tamen, ut solent poetae,
Ad non virgineum locum vocavi.
Nam sensus mihi corque defuisset,
Castas, Pierium chorum, sorores
Auso ducere mentulam ad Priapi.
Ergo quidquid id est, quod otiosus
Templi parietibus tuis notavi,
in partem accipias bonam, rogamus.
 

Obscuro poteram tibi dicere: 'da mihi quod tu
Des licet assidue, nil tamem inde perit.
Da mihi, quod cupies frustra dare forsitan olim,
Cum tenet obsessas invida barba genas,
Quodque Iovi dederat, qui raptus ab alite sacra
Miscet amatori pocula grata suo,
Quod virgo prima cupido dat nocte marito,
Dum timet alterius vulnus inepta loci.'
Simplicius multo est 'da pedicare' Latine
Dicere: quid faciam? crassa Minerva mea est.
 

 Quam puero fertur legem dixisse Priapus,
Versibus haec infra scripta duobus erit:
Quod meus hortus habet, sumas impune licebit,
Si dederis nobis quod tuus hortus habet.
 

 Qui sum ligneus, ut vides, Priapus
et falx lignea, ligneusque penis,
Prendam te tamen et tenebo prensum
Totamque hanc sine fraude, quantacumque est,
Tormento citharaque tensiorem
Ad costam tibi septimam recondam.
 

 Matronae procul hinc abite castae:
Turpe est vos legere impudica verba.
Non assis faciunt euntque recta:
Nimirum sapiunt videntque magnam
Matronae quoque mentulam libenter.
 

 Cur obscena mihi pars sit sine veste, requiris:
Quaere, tegat nullus cur sua tela deus.
Fulmen habet mundi dominus, tenet illud aperte;
Nec datur aequoreo fuscina tecta deo.
Nec Mavors illum, per quem valet, occulit ensem;
Nec latet in tepido Palladis hasta sinu.
Num pudet auratas Phoebum portare sagittas?
Clamne solet pharetram ferre Diana suam?
Num tegit Alcides nodosae robora clavae?
Sub tunica virgam num deus ales habet?
Quis Bacchum gracili vestem praetendere thyrso,
Quis te celata cum face vidit, Amor?
Nec mihi sit crimen quod mentula semper aperta est:
Hoc mihi si telum desit, inermis ero.
 

 Insulsissima quid puella rides?
Non me Praxiteles Scopasve fecit,
Non sum Phidiaca manu politus;
Sed lignum rude villicus dolavit,
Et dixit mihi 'tu Priapus esto'.
Spectas me tamen et subinde rides:
Nimirum tibi salsa res videtur
Adstans inguinibus columna nostris.
 

 Ne prendare, cave. Prenso nec fuste nocebo,
Saeva nec incurva vulnera falce dabo:
Traiectus conto sic extendere pedali,
Ut culum rugam non habuisse putes.
 

 Quae Percidere puer, moneo, futuere puella;
Barbatum furem tertia poena manet.
 

 Huc huc, quisquis es, in dei salacis
Deverti grave ne puta sacellum.
Etsi nocte fuit puella tecum,
Hac re quod metuas adire, non est.
Istud caelitibus datur severis:
Nos vappae sumus et pusilla culti
Ruris numina, nos pudore pulso
Stamus sub Iove coleis apertis.
Ergo quilibet huc licebit intret
Nigri fornicis oblitus favilla.
 

Commisso mihi non satis modestas
Quicumque attulerit manus agello
Is me sentiet esse non spadonem.
Dicat forsitan haec sibi ipse: 'nemo
Hic inter frutices loco remoto
Percisum sciet esse me'; sed errat:
Magnis testibus ista res agetur.
 

Qualibus Hippomenes rapuit Schoeneida pomis,
Qualibus Hesperidum nobilis hortus erat,
Qualia credibile est spatiantem rure paterno
Nausicaam pleno saepe tulisse sinu,
Quale fuit malum, quod littera pinxit Aconti,
Qua lecta est cupido pacta puella viro:
Taliacumque pius dominus florentis agelli
Imposuit mensae, nude Priape, tuae.
 

Hic quando Telethusa circulatrix,
Quae, clunem tunica tegente nulla,
Sexum latius altiusque motat,
Crisabit tibi fluctuante lumbo:
Haec sic non modo te, Priape, possit
Privignum quoque sed movere Phaedrae.
 

Fulmina sub Iove sunt; Neptuni fuscina telum;
Ense potens Mars est; hasta, Minerva, tua est;
Subtilibus Liber committit proelia thyrsis;
Fertur Apollinea missa sagitta manu;
Herculis armata est invicta dextera clava:
At me terribilem mentula tenta facit.
 

Quicumque hic violam rosamve carpet
Furtivumque olus aut inempta poma,
Defectus pueroque feminaque
Hac tentigine quem videtis in me
Rumpatur, precor, usque mentulaque
Nequiquam sibi pulset umbilicum
 

Hic me custodem fecundi villicus horti
Mandati curam iussit habere loci.
Fur habeas poenam, licet indignere, 'feram'que
'Propter olus' dicas 'hoc ego?' 'propter olus'.
 

Hoc sceptrum, quod, ubi arbore est recisum,
Nulla iam poterit virere fronde:
Sceptrum, quod pathicae petunt puellae,
Quod quidam cupiunt tenere reges,
Cui dant oscula nobiles cinaedi,
Intra viscera furis ibit usque
Ad pubem capulumque coleorum.
 

Porro -nam quis erit modus?- Quirites,
Aut praecidite seminale membrum,
Quod totis mihi noctibus fatigant
Vicinae sine fine prurientes
Vernis passeribus salaciores,
Aut rumpar, nec habebitis Priapum.
Ipsi cernitis, effututus ut sim
Confectusque macerque pallidusque,
Qui quondam ruber et valens solebam
Fures caedere quamlibet valentes.
Defecit latus et periculosam
Cum tussi miser exspuo salivam.
 

Deliciae populi, magno notissima circo
Quintia, vibratas docta movere nates,
Cymbala cum crotalis, pruriginis arma, Priapo
Ponit et adducta tympana pulsa manu:
Pro quibus, ut semper placeat spectantibus orat,
Tentaque ad exemplum sit sua turba dei
 

Tu, qui non bene cogitas et aegre
Carpendo tibi temperas ab horto,
Pedicabere fascino pedali.
Quod si tam gravis et molesta poena
Non profecerit, altiora tangam
 

Obscenis peream, Priape, si non
Uti me pudet improbisque probris.
Sed cum tu posito deus pudore
Ostendas mihi coleos patentes,
Cum cunno mihi mentula est vocanda.
 

'Falce minax et parte tui maiore, Priape,
ad fontem, quaeso, dic mihi qua sit iter'.
'Vade per has vites, quarum si carpseris uvam,
Cur aliter sumas, hospes, habebis aquam'. 
 

Donec proterva nil mei manu carpes,
Licebit ipsa sis pudicior Vesta.
Sin, haec mei te ventris arma laxabunt,
Exire ut ipsa de tuo queas culo.
 

     
     

 Fuente: Sportive Epigrams, de Leonard C. Smithers and Sir Richard Burton (1890)

 

REFERENCIAS GENERALES DE LA DEIDAD PRÍAPO

EnFresco de Príapo, casa de los Vetti, Pompeya la mitología griega, Príapo (en griego antiguo Πρίαπος) es un dios menor rústico de la fertilidad, tanto de la vegetación como de todos los animales relacionados con la vida agrícola, y un personaje puramente fálico. Era adorado como protector de los rebaños de cabras y ovejas, de las abejas, del vino, de los productos de la huerta e incluso de la pesca.

Funciones y origen 

Era una divinidad de carácter obsceno, representado como un enano deforme, con un enorme falo en perpetua erección, símbolo de la fuerza fecundadora de la naturaleza. Los romanos solían colocar en sus jardines estatuas de Príapo, normalmente con la forma de toscas hermas de madera de higuera, manchadas de bermellón (de aquí que el dios fuese llamado ruber o rubicundus), con un enorme falo erecto, llevando fruta en su ropa y una hoz o una cornucopia en la mano. Su función era la de garantizar una abundante cosecha, pero también hacían las veces de espantapájaros. Príapo alejaba el mal de ojo y su estatua protegía las huertas de los ladrones. Como otras divinidades protectoras de las artes agrícolas, se le creía poseedor de poderes proféticos, y a veces se le menciona en plural.

Algunos priapeos describen a Príapo usando la sodomía como amenaza hacia los intrusos:

Quae percidere puer, moneo, futuere puella;
barbatum furem tertia poena manet.
‘Te sodomizaré, muchacho, te lo advierto; a ti, muchacha, te follaré;
al barbado ladrón la tercera pena [la irrumación] es la que le espera.’
Ne prendare, cave. [...]
Traiectus conto sic extendere pedali,
Ut culum rugam non habuisse putes.
‘Ten cuidado, no vaya a cogerte. [...]
Atravesado por mi percha descomunal, quedarás tan estirado
que nunca pensarás que tu culo tenga curva alguna.’

Sin embargo, otros muestran cómo los poetas inventaron situaciones cómicas y obscenas para Príapo, otorgándole un prominencia literaria mayor de la que gozó en los ritos y la religión, si bien las figuras fálicas enmascaradas destacaban en muchas ocasiones festivas, tanto en Grecia como en el más extenso mundo romano.

Según algunos mitógrafos, sus lugares originarios de culto eran las ciudades de Asia Menor situadas en el Helesponto, particularmente Lámpsaco. Por esto a veces era llamado «Helespóntico». Más tarde, su culto se difundiría por Grecia e Italia. Los poetas griegos más antiguos, como Homero o Hesíodo, no mencionan Príapo y Estrabón (xiii. p.558) afirma expresamente que sólo tardíamente fue objeto de adoración divina.

Príapo tenía tantos rasgos en común con los otros dioses de la fertilidad que los órficos le identificaban con sus místicos Dioniso, Hermes, Helios y demás. Las leyendas áticas le relacionan con seres tan sensuales y licenciosos como Conisalos, Ortanes y Ticone. En cierta manera su equivalente en la mitología romana, donde fue mucho más popular que en la griega, era Mutinus Mutunus, la personificación del poder fructífero de la naturaleza.

Luciano (Sobre la danza) cuenta que en Bitinia Príapo era considerado un dios guerrero, un tutor rústico del infante Ares.

Príapo también es reconocido como un santo en la Ecclesia Gnostica Catholica.

Nacimiento 

Príapo suele ser considerado hijo de Dioniso y Afrodita. Se dice que ésta había cedido a los abrazos de Dioniso, pero durante la expedición de éste a la India le fue infiel y vivió con Adonis (quien sería su padre según un escolio Sobre Licofrón señalado por Kerenyi 1951). A la vuelta de Dioniso Afrodita volvió a su lado, pero pronto le abandonó de nuevo y marchó a Lámpsaco para dar a luz al hijo del dios. Hera, decepcionada por la conducta de Afrodita, la tocó y su poder mágico hizo que alumbrase un hijo extremadamente feo y con unos genitales inusualmente grandes. En Helicón (Beocia) el escritor y viajero Pausanias señalaba una estatua de Príapo que era «digna de verse»:

Este dios es adorado donde las cabras y ovejas pastan o donde hay enjambres de abejas, pero la gente de Lámpsaco le adora más que a ningún otro dios, llamándole hijo de Dioniso y Afrodita.

Pausanias, Descripción de Grecia ix.312

Sin embargo, según otras fuentes Príapo era hijo de Dioniso y de una náyade o de Quíone y dio su nombre a la ciudad turca de Priapos, actual Karabiga (Estrabón, Geografía, XIII, 1, 12), mientras otras también le describen como hijo de Adonis con Afrodita (Tzetzes, Sobre Licofrón, 831), de Hermes (Higinio, Fábulas, 160), o de un padre de largas orejas, esto es, de Pan o de un sátiro (Macrobio, Saturnalia vi.5).

Lotis 

En los Fastos de Ovidio, la ninfa Lotis cayó dormida ebria en un banquete, y Príapo aprovechó esta oportunidad para intentar violarla. Con sigilo se le acercó, y justo cuando iba a abrazarla uno de los burros de Sileno (anfitrión del banquete) alertó al resto de invitados con «estridentes rebuznos». Lotis se despertó y rechazó a Príapo, pero su auténtica salvación fue ser transformada en flor de loto. Para hacerle pagar por estropearle esta oportunidad, Príapo mató al burro. Esta anécdota servía para explicar por qué en la ciudad de Lámpsaco, donde Príapo era adorado entre la descendencia de Hermes (Higinio, Fábulas 160), se sacrificaban burros como libación.

 

Príapo y los asnos 

Además de la anterior, otras leyendas explicaban el porqué de estos sacrificios. Según una de ellas, Hestia fue avisada por un burro cuando Príapo iba a violarla (y por esto mismo en la fiesta de Hestia se coronaban a los asnos con flores). Otra leyenda cuenta que el origen está en una pelea que Príapo tuvo con un asno (al que Dioniso había concedido el don de la palabra) sobre el tamaño de sus respectivos miembros viriles. Príapo ganó y mató al asno, aunque luego sintió pena y lo subió a las estrellas (Higinio, Astronómica 2.23).

Arte 

En las excavaciones de Pompeya se descubrió un famoso fresco de Príapo pintado en las paredes del vestíbulo de la casa de los Vetti. Se cree que la función de este fresco era contrarrestar al mal de ojo de los envidiosos de la riqueza de los Vetti, dos acaudalados comerciantes de la ciudad que gastaron grandes sumas en decorar su mansión.

 

 

 

ISLA  TERNURA RINCONES AMABLES POEMAS AUTORES POEMAS NAVEGANTES