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No
importaron los altísimos promedios en la universidad y el diploma Suma Cum
Laude, la especialización en el primer mundo y referencias maravillosas.
Rodolfo Plata era marica y por lo tanto mal odontólogo.
Verán, en este pueblo hay dos pueblos, el de los ricos y el de los pobres.
Cuando digo que todos se conocen, me refiero a que entre todos los ricos se
conocen y entre todos los pobres se conocen y la única manera de que un rico
conozca un pobre es que:
1. Ese pobre
fue rico en algún pasado
2. El pobre
trabaja para el rico
3. Es familiar
cercano de algún pobre que trabaja para un rico.
Afortunadamente los ricos de acá son tremendamente sencillos (o eso aparenta
la mayoría) porque saben que los ricos de la capital les triplican la
fortuna y personas de clase media en otros países tienen mucha más plata.
Y como se
podrán imaginar, las grandes empresas que funcionan en este pueblo y las
entidades estatales que también tienen presencia acá, son administradas por
los ricos, que conocían muy bien a Rodolfo y a su familia y por lo tanto no
iban a permitir que la imagen de las empresas que tenían a cargo (a pesar de
los escándalos de corrupción y varias otras cosas) se manchara contratando a
un homosexual.
Si los ricos
fueran más tolerantes hacia los homosexuales les aseguro que hubieran
contratado a Rodolfo sin problemas, porque acá los que tienen plata solo la
quieren para ellos y para los que también tienen plata, porque los pobres no
saben qué hacer con ella. Si los pobres son homofóbicos vale huevo. Pero
desafortunadamente para nosotros, los ricos también lo son.
Rodolfo maldecía a todos los chismosos cuyas identidades desconocía, los
cuales regaron los rumores de que aquel niño bueno en el colegio se la
pasaba rumbeando en sitios vergonzosos los sábados por la noche. Rodolfo
pensó que manteniendo a sus padres contentos, aparentando inocencia y
manteniendo un rendimiento académico impecable se escondería perfectamente.
Pero Rodolfo
cometió algunos errores a pesar de todo. El peor, fue que se abrió. En mi
país quiere decir que te alejas de la gente que conoces.
Y aunque nunca
fue de muchas amistades, algunos se preguntaban que era de la vida de aquel
niño bueno, tímido y medio afeminado. Y poco a poco iban saliendo las
suposiciones, y los “yo lo vi allá” y otro incluso confirmaban “una vez lo
vi con otro pelao que vestía muy llamativo y se comportaba bien afeminado”
“creo que lo vi en la marcha que hacen los maricas” “Se la pasa con puras
viejas machorras y manes voltiados en la universidad”.
Aquellas suposiciones, que llegaban a los oídos de los más morbosos, que
además estaban pendientes de las compañeras del colegio que se dejaron
embarazar (y de los “machos” que las preñaron) las repetían a otros
chismosos, y se llegaron a inventar muchas historias, pero lo que era
seguro, era que Bogotá mariqueó al pobre Rodo. Y con esos rumores, uno
siempre tiene la mala suerte de ser el último en saberlos.
Rodolfo ya
estaba cansado, llevaba seis meses sin hacer nada. Confiado de que su
especialización en aquella renombrada universidad del exterior y sus
excelentes referencias le permitirían conseguir trabajo sin problemas en un
lugar donde casi nadie lo conociera, decidió regresar a la Bogotá que lo vio
liberarse. Se lo comentó a sus padres y ellos no tuvieron problemas en
dejarlo ir, siempre y cuando regresara algún día (sus pobres padres aún no
sabían de los rumores).
La mamá de
Rodo, sin decírselo, comenzó a hacer contactos para que le consiguieran
trabajo en Bogotá. Le pareció muy extraño que ninguno de sus amigos médicos
y odontólogos que vivían allá (pertenecientes al clan de los ricos de esta
provincia, no faltaría mencionar) le negaron la ayuda que pedía, a pesar de
que como ya había dicho, entre ricos se ayudan, porque los pobres no saben
qué hacer con la plata.
Rodolfo hubiera preferido que su mamá no perdiera tiempo en eso, pero él
nunca supo lo que hizo su madre. Y aquello habría de costarle la vida a
Rodolfo.
Uno de los contactos de la pobre mamá de Rodo (tal vez sea homofóbica pero
la señora inspiraba una ternura y una calidez humana impresionantes y nunca
pensaba mal de nadie) era muy cercano a las Oscuras Fuerzas del Bien.
Y lo mismo era un hijo de
aquel contacto, que conocía a Rodo desde el colegio. Incluso lo molestaba
constantemente por ser homosexual, pero hubo una vez que Rodo no aguantó y
se las ingenió para hacer caer a aquel joven y lo expulsaron de su colegio.
Aprovechando que las Oscuras Fuerzas del Bien estaban haciendo “limpieza
social” (matar arbitrariamente a prostitutas, drogadictos, otros asesinos y
por qué no, también homosexuales) aquel joven las contactó para que se
encargaran de Rodo.
Fue como una bendición que se convertiría en la más horrenda desgracia para
aquella pobre rica familia.
A Rodo lo llamaron para
ofrecerle un contrato en una reconocida empresa estatal de salud. Fue su
madre quien recibió la noticia y la comunicó a Rodolfo, diciéndole que tenía
que presentarse en una oficina en el centro para firmar los contratos y
poder trabajar.
La oficina
quedaba al lado de un reconocido hotel. Rodolfo llegó puntualmente, entró al
edificio y se dirigió a la oficina que le había indicado su madre. Le
pareció bastante raro lo que estaba sucediendo, pero aún así las
expectativas tan positivas y las ganas que tenía de trabajar le hacían
omitir aquellos oscuros detalles.
Entró y notó algo muy raro en
la oficina. Estaba vacía.
Luego alguien
cerró de golpe la puerta y la aseguró desde afuera. Rodolfo empezó a
llenarse de pánico, y una pequeña puerta se abrió. De allí salieron unos
hombres con trajes de militares, pero no eran del ejército nacional. Iban
encapuchados, agarraron a Rodolfo y lo amordazaron. Luego lo golpearon hasta
dejarlo inconsciente.
Cuando despertó, él estaba atado a un árbol, en medio de la intemperie. Y a
su alrededor varios uniformados. Rodolfo pensó lo peor. Y lo peor era que
iba a ser víctima de la limpieza social que estaban llevando a cabo las
Oscuras Fuerzas del Bien. Entonces uno de los uniformados se acercó, tomó un
machete y…
Aquel uniformado era el que una vez fue un joven vividor pero que fue
expulsado de su prestigioso colegio por culpa de Rodolfo.
Rodolfo amaneció en una calle, frente al hotel que quedaba al lado de la
oficina donde él iba a firmar el contrato, muerto, mutilado y… Chamuscado.
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Las cosas pudieron haber sucedido de otra manera, pero en este pueblo, sí
hubo un hombre cuya homosexualidad era de conocimiento público, y que fue
encontrado en condiciones similares al Rodolfo de esta historia.
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