1890  -  1950

 

APUNTES BIOGRÁFICOS

 

1889

Nació en Kiev el 28 de febrero de 1889, hijo de padres polacos; su padre Tomás Nijinski pertenecía a la cuarta generación de una familia de bailarines que transmitía el conocimiento de ese arte de padres a hijos. Su madre Eleanora Bareda, bailarina también, era hija de un acaudalado terrateniente que se suicidó al perder su fortuna en el juego.

Ya desde su época de escolar, Vaslav presentaba dificultades para relacionarse con sus compañeros, por lo que se refugiaba en las relaciones familiares, especialmente en su madre, su hermana Bronislava (más tarde bailarina y coreógrafa) y su hermano Stanislav, que sufrió desde muy joven una grave enfermedad mental.

1899

Dando muestras ya de ser un prodigioso bailarín, a los 10 años de edad ingresó a la Escuela Imperial de Danza de San Petersburgo. Progresó rápidamente como bailarín, no obstante que tenía algunas deficiencias mentales por culpa, según especulaciones, de una caída que le provocó una conmoción cerebral.


En esta escuela fue alumno de Legat, Obuhova y Cecchetti, y destacó primordialmente gracias a su admirable elevación, su "ballon", su expresividad y por lo depurado de su técnica al ejecutar los movimientos. 

 Nijinsky en "Le Spectre de la rose", Paris (1911).
Foto de E.O. Hoppé. © Roger Pryor Dodge collection.

1907

Su debut data de 1907 cuando estando aún en la escuela interpretó en el Teatro Marinski "Don Juan", ballet de la ópera de Mozart, al lado de la bailarina Lydia Kyasht. Otras de sus actuaciones por esta época son "Le pavillom d'Armide" y "La forêt enchantée".

En mayo de 1908, durante el examen para conseguir su título académico bailó un "pas de deux" con la célebre Ludmilla Schollar; cosa que indujo a Kchessinskaia, quien era la bailarina preferida del zar a elegir a Nijinski como pareja especial de baile.

Desde aquel momento hizo una carrera triunfal en el Teatro Imperial, pero ésta se vio interrumpida en 1911 cuando fue despedido por alguna exhibición incorrecta en una representación ante la emperatriz.

1909

Tras su formación en la Escuela Imperial de Ballet de San Petersburgo (actual Escuela Vaganova), ingresaría en la prestigiosa compañía en 1909.

Allí se encuentra con el empresario Serge Diaghilev, probabemente el que, sin haber sido intérprete o creador, más ha hecho por la Artes de la historia contemporánea. Su encuentro puedo considerarse mas que un flechazo mutuo, un cataclismo para el jovencisimo artista.

"Tenía diecinueve años cuando conocí a Diaghilev. Lo amaba sinceramente y cuando me decía que el amor de las mujeres era una cosa horrenda, le creía. Si no le hubiera creído no habría podido hacer lo que hice."

Bajo su influencia, el joven Vaslav sufre una transformación absoluta, y cuando es invitado a formar parte de los Ballets Russes para su presentación en el Théâtre du Chatelet de París, los que le rodean son ya conscientes de que se está forjando una auténtica estrella.

Uno de los mas preciados regalos que el amante del bailarin le hizo fue la colección completa de la publicación Mir Iskusstva (El mundo del Arte), que él mismo había creado. Para Nijinsky fue la primera ventana a ese mundo, y pasaría horas enteras contemplando sus ilustraciones, alimentándose del trabajo de otros artistas y, siendo éste su más valioso tesoro, le acompañó en sus viajes durante toda la vida.

Pronto Sergel Diaghilev lo llevó a París para encabezar su nuevo grupo de ballet, donde actuó de 1909 a 1914 y que por entonces representaba la mayor atracción del mundo del arte, recolectando grandes triunfos en sus interpretaciones del esclavo negro en "Seherazada", del arlequín en "Carnaval" y sobre todo por sus portentosos saltos en "El espectro de la rosa".

Vaslav Nijinsky en la "Danse siamoise" de Orientales (1910). Foto de Eugene Druet (1868-1916). Paris, Biblioteca Nacional de Francia. Biblioteca-Museo de la Opera. © BNF


1912

Con ocasión de "La siesta de un fauno", con música de Debussy, en un ballet que él mismo creara, Nijinski dividió a la secta bohemia de París en dos facciones: uno encabezado por el publicista Gaston Calmette quien lanzaba ataques desde su punto de vista artístico y moral y otro encabezado por el escultor Rodin, quien salió en defensa de Nijinski.

Y como era absolutamente imposible mantenerse al margen de las corrientes de vanguardia estando al lado del empresario ruso, Vaslav se encontró de pronto inmerso en el maremagnum de los más importantes artistas de París, que encontraron en el joven una nueva fuente de inspiración.

Como intérprete, Nijinsky nos dejó el legado de quien ha sido uno de los más versátiles bailarines del momento, y quizás de la historia: Albrecht, el príncipe eternamente enamorado de Giselle, fue tan sólo uno de los grandes roles clásicos que interpretó durante sus apariciones con el Ballet del Teatro Marinsky;

"Yo quiero a todo el mundo, y sin embargo no soy amado."

Acaso los personajes creados para él por el coreógrafo Mikhail Fokine fueron los más aclamados por crítica y público, dado que enfatizaban las cualidades que distinguía al bailarín del resto de sus coetáneos; de hecho, él creó once de los dieciséis ballets coreografiados para Vaslav en los Ballets Rusos (Le Pavillon d’Armide, Schéhézade, Cléopâtre, Les Sylphides, Carnaval, Les Orientales, Le Dieu Bleu, Narcisse, Daphnis et Chloé, Le Spectre de la rose y Pétrouchka).

Le Spectre de la rose, creado sobre la Invitación a la Danza, del compositor Carl Maria von Weber, recreaba la escena de una joven a su regreso de un baile que, exhausta y tras aspirar el perfume de la rosa que trajo consigo, cae adormecida y en su sopor, el espíritu de la flor entra por la ventana para bailar con ella; al despertar, la criatura ha desaparecido, pero el perfume de la rosa permanece allí.

La interpretación de Nijinsky junto a la genial Tamara Karsavina, enloqueció a los círculos artísticos de París, que descubrieron el espectacular cuerpo atlético de Vaslav enfundado en un maravilloso diseño de Baskt que añadía ambiguedad a la ya intrínseca falta de virilidad del bailarín – algo que Fokine supo exprimir al máximo –

La magia con que aparecía en la escena saltando a través de la ventana será siempre el distintivo de la extraordinaria transformación que experimentaba al pisar el escenario, casi una metamorfosis de tipo místico.

Pero además de su innegable talento como bailarín, Nijinsky demostró sus magníficas cualidades como coreógrafo en cuatro creaciones: L’Après-midi d’un faune (1912) y Jeux (1913) ambas sobre partituras de Claude Debussy, Le Sacre du printemps, del mismo año, con música de Igor Stravinsky, y Till Eulenspiegel, con una composición de Richard Strauss.
"Todo el mundo piensa que estoy loco, pero se que no me van a meter en un manicomio porque bailo muy bien y doy dinero a todo el que me lo pide."

Si L’Après-midi d’un faune había provocado un estruendoso escándalo en la conservadora y puritana sociedad parisina de la época, Le Sacre du printemps desencadenó tal cantidad de protestas en su estreno, que llegó un punto en que los gritos de parte público impedían que aquellos que pretendían disfrutar de la obra pudiesen oír lo que la orquesta trataba de interpretar.

Algunos críticos se aventuraron a calificar la obra de “Massacre du printemps”, atacando de esta forma tanto al compositor como al coreógrafo, y los libros franceses de historia se referían a 1913, ya en puertas de la Primera Guerra Mundial, como “el año de la Sacre”.

Pero su siguiente trabajo, Jeux, tampoco iba a pasar desapercibido, ya que el artista se tomó la libertad de aparecer sobre el escenario bailando en puntas, lo que en técnica clásica de danza está reservado únicamente a la mujer; tampoco ésto fue algo inesperado en Vaslav, que llevaba años tratando de convencer sin éxito a su empresario y amante de que le permitiera interpretar el role de Karsavina en Le Spectre de la rose.

Si bien su talento creativo era innegable, parte de los bailarines de la compañía se quejaban de forma permanente de su falta absoluta de musicalidad, que unida a la vanguardista métrica de la Sacre, hacía que tuvieran que ayudarse entre ellos, marcando los tiempos entre bambalinas para ayudar a los intérpretes. Eso no le impidió, sin embargo, ir más allá de la mera creación e idear un método de anotación coreográfica que, lamentablemente, no tuvo tiempo de perfeccionar.

El comienzo de la Guerra Mundial le sumió en un período de aislamiento e inactividad que inexorablemente, le llevó a la locura.

 

1914

A fines de 1913, el Ballet Ruso inicia una gira artística por América mientras que Diaghilev permanecía en Europa; al llegar a Buenos Aires Nijinski se casó impensablemente con la húngara Romola de Pulszky, bailarina de la compañía; Diaghilev al conocer el hecho despidió a ambos.

Vaslav Nijinsky como el príncipe Albercht en el segundo acto del ballet "Giselle". Detalle de una fotografía de Roosen. París, Biblioteca Nacional de Francia, Biblioteca-Museo de la Opera. © BNF, París.

Su clara dependencia, tanto sentimental como profesional de Serge Diaghilev – el hombre que le había abierto las puertas al triunfo y la creación – y de los propios Ballets Russes, tuvo un precipitado y dramático final tras su sorprendente boda con Romola de Pulszky, una joven de origen polaco, también miembro de la compañía.


Nijinski volvió a Londres, organizó una pequeña compañía y bailó en el Palace Theater; luego viajó con su esposa a Austria donde los sorprendió la Primera Guerra Mundial y por ser ruso fue confinado primero en Budapest y luego en Viena. El encierro agravó los trastornos mentales del bailarín.

Posiblemente, su único medio de libertad era el escenario, y al verse fuera de él no fue capaz de soportar la realidad. En 1919 fue visto en escena por última vez e inmediatamente después se adentró en un sinfín de tratamientos médicos que le acompañaron hasta su muerte en Londres en 1950.

De los primeros años de los Ballets Russes hay poca documentación escrita, pero a la muerte de Diaguilev, su secretario Boris Kochno, y Serge Lifar (quien reemplazó a Nijinsky, tanto como estrella de la compañía, como en el corazón del empresario) aparecieron algunos escritos que permitieron a los estudiosos hacer una reconstrucción más o menos acertada de lo que fue la vida del bailarín.

Luego de su liberación, hizo una gira por toda América pero su complejo de persecución se agudizaba; de regreso a Europa bailó en España y luego viajó con su esposa a Suiza donde fue necesario recluirlo en un sanatorio. Sus últimos años los pasó en Londres en una situación emocional deteriorada. 

Murió en esta ciudad en 1950.

Ante la falta de fuentes primarias de documentación, tenemos que recurrir a su propio diario – Cahiers – que escribió ya en las puertas de la locura, y que fue publicado sin censuras por primera vez en 1999.

"Conozco al publico muy bien porque lo he estudiado; saben muy poco y eso me asegura el éxito."

En 1936 se publicó en inglés una primera versión, que su esposa Romola se ocupó de preparar, cambiando la secuencia de sus párrafos, inventando un epílogo inexistente, cambiando identidades, eliminando algunas de las partes más explícitas en cuanto a las relaciones homosexuales de su marido, y llegando a suprimir alrededor de un cuarenta por ciento del material, lo que ofreció una imagen mucho más romántica de la locura de Nijinsky, presumiblemente esquizofrenia. 

En 1957 se publica su primera biografía, escrita por Françoise Reiss, y en 1971, otra de Richard Buckle. En 1981, Bronislava Nijinska, hermana pequeña de Vaslav, publica sus Memorias, en las que aparecen multitud de anécdotas de la infancia y adolescencia del bailarín; lamentablemente, su muerte le impidió llegar más allá del año 1914 en su recolección de recuerdos.

 

 

Escultura en bronce verde pulido de Malvina Hoffman (1887-1966) de Vaslav Nijinsky en "L'Apres-midi d'un faune" 43,8 cm. San Antonio, Texas. © Tobin Collection of Theatre Arts, The McNay Art Museum
 

OTRA HISTORIA DE AMOR

por Liliana Viola (Agosto 2009)

Sergei Diaghilev, 35 años, noble, mecenas y empresario se encuentra con Nijinsky, 17 años, hijo de una familia de bailarines pobres, con un conde y un príncipe en su prontuario amoroso. “La primera vez que lo vi., le dejé que me hiciera el amor, mi madre y yo teníamos que comer”, dice Nijinsky en sus Diarios, escritos con ira y al borde de su esquizofrenia.

Juntos formaron la pareja homosexual más famosa, glamorosa y exitosa de Europa de principios de siglo. Vivían juntos, viajaban juntos, pensaban en conjunto. A nadie se le habría ocurrido invitar a una reunión social a uno sin el otro. Nadie podía soñar con entrevistar a la estrella sin permiso del empresario, que no daba mucho permiso. La empresa montada en torno de la danza involucró a coreógrafos, bailarines, escenógrafos elegidos por su belleza, ideología y talento, entre lo mejor del mundo.

No había personalidades adentro del closet en ese grupo que alguna vez Stravinsky definió como una verdadera “Guardia Suiza integrada por homos”. El elenco solía hacer sus bacanales nada menos que en el Hotel Savoy de Londres, donde apenas una década antes se había floreado Oscar Wilde y pagado con la vergüenza. La revancha fue breve pero fue así.

“¿Qué soy yo? Un magnífico charlatán”, escribía Diaghilev a su madre postiza en respuesta a la pregunta sobre cuál era exactamente su profesión. Cuando lo criticaron por su sexualidad, jamás pidió disculpas y cuando algún amigo trató de convencerlo sobre las bondades del sexo con mujeres, explayó una teoría propia que solía repetir: “No puede ser un verdadero artista quien no tiene las características de los dos sexos.

Todos los genios del pasado han sido homosexuales, al menos bisexuales. El amor normal es una necesidad de continuar con la especie, una urgencia de la naturaleza, una acción animal privada de toda belleza y placer estético. En cambio, cuando se da el amor entre personas del mismo sexo, aun cuando los integrantes de la dupla sean seres ordinarios, es artístico, debido a la ausencia de supuestas diferencias”.

BUENOS AIRES TE MATA

¿Hasta qué punto el miedo al océano puede influir en el destino de una persona, de un amor y de la historia de la danza? Tal vez Diaghilev se haya preguntado esto o tal vez él mismo se lo buscó. Luego de cinco años de simbiosis y de estricto control sobre su “Pequeño príncipe”, accede a que se vaya sin él en gira por Sudamérica; hacía rato que Buenos Aires insistía con su flamante Teatro Colón.

Diaghilev tenía miedo al océano. La que no tenía miedo a tirarse al agua era Romola Polski, una jovencita húngara y noble que hacía rato estaba ejerciendo su vocación de fan. Se había cruzado numerosas veces con la dupla, y conocía horarios, gustos y todas las cosas que una fan de todos los tiempos sabe. Estudió ballet, consiguió ingresar a la compañía y se hizo a la mar el 13 de agosto de 1913, porque allí arriba estaba Nijinsky con destino al sur, el “país de los negros”.

Luego de 20 días de viaje y poco antes de bajar en el puerto de Buenos Aires, ya había conseguido que el bailarín le pidiera matrimonio. Quién iba a decir que Buenos Aires, la ciudad hoy autoproclamada friendly for export, iba a ser el escenario de una boda por civil y por iglesia de uno de los homosexuales más famosos del mundo. La misma Romola, en su biografía titulada Nijinsky, cuenta que en el barco, cierta noche, cansada de su indiferencia, se le acercó y pidió a unos amigos que le tradujeran esta frase, golosina para psicólogos: “Tengo en mi poder la almohada que le regaló su madre y que usted se olvidó hace un año en el Hotel de Montecarlo”. Nijinsky mandó responder que la señorita podía quedarse con la almohada. Y al día siguiente pidió a los mismos amigos que le preguntaran si lo aceptaba por esposo. “De noche tarde, vimos unas luces en el horizonte.

Era Buenos Aires. Nijinsky me dijo en su lengua: No quiero casarme en un barco, quiero que sea en una iglesia.” Eligieron la de San Miguel porque les dijeron que allí se casaba la gente elegante y pasearon por ese parque tan lindo llamado Palermo y también por el zoológico. El cura puso como única condición a la novia, que era menor de edad, que prometiera convencer a su marido de no representar nunca más Scherezade, ese ballet inmoral. En el momento culminante, a la Babel que ya existía entre los novios se sumó el español, lo que sumió a la novia en un gran nerviosismo. “No sabía muy bien en qué momento decir Yes.” Ambos lo dijeron.

De regreso a Europa, Nijinsky recibió una carta de Diaghilev que decía algo así como “Estás despedido”.

Todos los biógrafos, incluida su esposa, acuerdan que nunca llegó a entender Nijinsky lo que estaba pasando entre ellos. Ni la separación ni el enojo.

A partir de aquí el derrumbe que incluyó fracaso en el cumplimiento de nuevos contratos, la entrada en una esquizofrenia que los médicos diagnosticaron como irrevocable, la guerra que lo tomó como prisionero, un intento de reconciliación con el Ballet Ruso, la internación. Decir que el matrimonio lo llevó a la ruina sería tan poco serio como afirmar que no levitaba. Casarse también era cosa de homosexuales en aquella época.

 Diaghilev, luego de la ruptura con Nijinsky, eligió a un nuevo artista para moldear, un amante que había competido en los últimos tiempos con el mismo Nijinsky. A fuerza de las mejores clases lo convirtió en un excelente bailarín. El romance duró casi diez años, hasta el día de 1920 en que Miassine contrajo matrimonio. Luego, llegaron nuevos amores, semillero de próximas puestas en escena: Boris Kochno, un joven poeta que llegó a ser director asociado del ballet; Anton Dolin, notable bailarín inglés; Serge Lifar, que viajó a París especialmente para conquistar al maestro y terminó siendo primer bailarín del Ballet Ruso y más tarde director del ballet de la Opera de París. No caben dudas, los grandes hallazgos del ballet ruso, al menos desde su creación hasta la muerte de Diaghilev, dependieron directamente de unas cuantas historias de amor.

 

 

ISLA  TERNURA PLAYA NO ERES EL ÚNICO

 


FUENTES:  Gran parte de esta información ha sido recogida del artículo de la página www.puntaweb.com/artexarte/abr2001/danza1.htm, siendo su autoría de la investigadora Elna Matamoros  a quien Isla Ternura agradece la aportación que enriquece esta biografía